ID de noticias: 15060
Fecha de publicación : 01 November 2015 - 14:23
El vídeo del niño palestino, de 13 años, Ahmed Manasrah desangrándose en la acera de un barrio de Jerusalén Este ha sido descrito como "chocante", "preocupante" y "doloroso de ver". Los monstruosos y abusivos insultos verbales de los israelíes viendo al niño retorcerse en agonía están, inevitablemente, caracterizados como "inhumanos" y "crueles"; y de hecho lo son.

LHVnews, Opinión; Si bien ha habido mucha discusión acerca de este video y de otros actos similares donde estuvieron involucradas ejecuciones extrajudiciales de jóvenes palestinos acusados por Israel de haber apuñalado a israelíes, es evidente que no hay un análisis de las implicaciones sociológicas. En concreto se ha convertido en un tabú interrogar qué clase de conclusiones ideológicas y psicológicas pueden extraerse sobre la sociedad israelí, una sociedad donde tal comportamiento no es un caso atípico; donde, en lugar de ser una anomalía, es indicativo de una importante, si no la principal actitud.




Baste decir que hay muchos analistas políticos, activistas y otros que son tímidos cuando se trata de condenar en firme a la sociedad y las actitudes israelíes. Ellos están, y con mucha justificación, temerosos de ser demonizados como antisemitas, aterrorizados de que en lugar de un diálogo abierto y un examen crítico, sus argumentos sean distorsionados y calificados como de odio y racistas. Mientras que tales acusaciones son a veces justificadas más de las veces se trata de desviaciones intencionalmente engañosas diseñadas para proteger a la sociedad israelí de la crítica que tan claramente se merece.

Pero aquellos cuyo interés está en la justicia y en decir la verdad no pueden permanecer en silencio, no pueden permitirse convertirse en víctimas de la autocensura inducida por el miedo, porque la crítica silenciada de Israel es, en realidad, un fracaso de la defensa adecuada de los oprimidos; es una abdicación de la responsabilidad de hablar en contra de la injusticia, de la brutalidad del colonialismo y la inhumanidad del sionismo contemporáneo. Es igualmente un abandono del deber de deconstruir las narrativas dominantes por el interés de la justicia social, de desafiar a la propaganda de los medios de comunicación corporativos cuya función principal es proteger el poder de la luz incómoda de la crítica. No puedo, y no estaré en silencio.

Leyendo el New York Times, Washington Post y otros medios de comunicación principales, supuestamente liberales, uno podría ser perdonado por pensar que la naturaleza del conflicto palestino-israelí es ojo por ojo, que es el producto de una causa-efecto en una relación de iguales. Así es precisamente como se retrata el conflicto en casi todos periódicos llamados "respetables".

Tomemos, por ejemplo, un artículo publicado en los Estados Unidos del "registro oficial", el New York Times, apenas unas horas después del incidente con el titular "Sumar al desafío de la seguridad en Israel apuñalamientos y reacciones mortales” Stabbings, and Deadly Responses, Add to Israel’s Security Challenge. Solo en la deconstrucción del titular, está claro dónde se encuentran el sesgo y el engaño; el Times impregna el título del artículo con una presunción de culpabilidad atribuida a los palestinos. De acuerdo con la lógica sintáctica de la construcción del titular, la palabra "puñaladas" (presentada primero), es la raíz del problema y por lo tanto las "respuestas mortales" son sólo eso, reacciones.

Pero, por supuesto, cualquier persona que tenga incluso un conocimiento rudimentario del asunto sabe que los apuñalamientos son en sí mismos respuestas a los ataques de los colonos israelíes y de las fuerzas de seguridad contra los palestinos, así como la consecuencia predecible de la brutalidad y la ocupación aparentemente interminables, la pobreza y la desesperación y sin embargo, los israelíes, y el propio Estado de Israel, se presentan como las víctimas. El titular enmarca el tema como un "desafío a la seguridad" de Israel, en lugar de, por ejemplo, un problema del colonialismo o de una cruel ocupación. Así que tomados en su totalidad el título y el artículo adjunto tienen el efecto acumulativo de hacer pasar a las víctimas por victimarios y a los verdugos por víctimas, invirtiendo así la relación del opresor con el oprimido.

El lector de este artículo de la NBC se queda con la conclusión totalmente deshonesta, aunque políticamente muy útil, de que ambas partes son igualmente culpables, igualmente dignas de culpa y que el conflicto mismo está más allá del análisis crítico. Más aún, presentando el tema de este modo, el medio de difusión, en este caso la cadena NBC, se considera justa, por haber proporcionado una información equilibrada. En realidad, sin embargo, simplemente se ha ocultado la verdadera naturaleza del conflicto que surge entre un opresor colonial y sus víctimas, desplazadas y desposeídas de forma sistemática durante siete décadas.

Pero dejando a un lado la falsa equivalencia al ocultar la verdad de la cuestión, NBC News revela aquí, inadvertidamente, algo fundamentalmente verdadero sobre el conflicto y es que, efectivamente, este incidente "resume mucho del conflicto entre Israel y Palestina". A pesar de que no tenían la intención de hacerlo, NBC News expone correctamente el hecho de que el comportamiento de los israelíes frente a la cámara es claramente emblemático de la sociedad en general de Israel, que ve a los niños palestinos como "perros" e "hijos de puta" no aptos para respirar, indignos de vivir.

Lo que el vídeo de Ahmed Manasrah deja al descubierto para que el mundo lo vea es la inhumanidad del sionismo, una ideología supremacista judía que, necesariamente, coloca a los no judíos en una relación inferior a los judíos, que otorga menos valor a la vida del no judío. No es simple odio lo que motivó los repugnantes comentarios de los espectadores, es un arraigado sentido intergeneracional de la superioridad de raza, de la deshumanización de los palestinos y de los árabes en general.

Este factor fundamental es sólo muy rara vez discutido, pero se encuentra en el corazón del conflicto palestino. Al ver a los árabes como infrahumanos, muchos israelíes son capaces de justificar, a menudo en un nivel inconsciente, todas las formas de brutalidad, la violencia y la opresión. Hay que decir aquí que hay algunos israelíes que luchan solos contra este tipo de pensamiento, pero lamentablemente están ahogados por la barbarie rabiosa de la derecha israelí.

este fenómeno, rápido para encasillarte como antisemita, es lo que subyace en todas las políticas israelíes. Y la aceptación activa o pasiva de esas políticas de parte del cuerpo político israelí. Mientras que Ahmed Manasrah desangrándose en medio de un remolino de insultos por parte de los israelíes puede provocar un breve derramamiento de descargas en las redes sociales, no es más que un ejemplo de ese tipo de violencia.

El pueblo palestino nos ha declarado la guerra y debemos responder con la guerra. No un operativo, no un movimiento lento ni de baja intensidad o escalada controlada, no destrucción de la infraestructura del terror ni asesinatos elegidos. Suficiente con las referencias indirectas. Esta es una guerra... No es una guerra contra el terror, tampoco una guerra contra los extremistas y ni siquiera una guerra contra la Autoridad Palestina... Se trata de una guerra entre dos pueblos. ¿Quién es el enemigo? El pueblo palestino... ¿Qué es tan horrible acerca de entender que todo el pueblo palestino es el enemigo? Toda guerra es entre dos pueblos y en todas las guerras la gente que comenzó la guerra, toda esa gente, es el enemigo... Detrás de cada terrorista hay decenas de hombres y mujeres sin los cuales no pudo participar en el terrorismo. Todos ellos son combatientes enemigos y su sangre se derramará sobre todas sus cabezas. Ahora bien, esto también incluye a las madres de los mártires... Ellas deben seguir a sus hijos, nada sería más justo. Deben desaparecer, al igual que las casas físicas en las que se plantaron las serpientes. De lo contrario, más pequeñas serpientes serán criadas en ellas.

Una retórica semejante, con toda la deshumanización que implica, es una reminiscencia de innumerables ideologías fascistas, del nazismo alemán de la década de 1930 de la política contemporánea del sector de derecha en Ucrania y del Batallón Azov. La noción de "guerra total" contra todo un pueblo, entre ellos mujeres y niños no combatientes, está realmente más allá de la simple propaganda de guerra, es la apología del genocidio y de la limpieza étnica.

Si la historia pasada es un indicador, lo que se ha escrito arriba, sin duda, provocará algunas reacciones negativas, condenas, cartas de odio e insultos de todo tipo. "Antisemita", "traidor" y "auto-odio" son algunos de los epítetos más comunes que he escuchado infinidad de veces cuando he escrito o hablado acerca de Israel, el sionismo, la supremacía judía, y tales cuestiones. Estas calumnias no sólo no me disuaden, sino que me motivan a hablar más francamente, ya que son una indicación de que las palabras están atacando un núcleo que está en descomposición y necesita urgentemente ser expuesto.

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