ID de noticias: 15084
Fecha de publicación : 29 November 2015 - 09:52
El partido del actual Presidente turco, ex primer ministro por más de diez años del país asiático, ha superado un duro escollo electoral y nuevamente obtuvo la mayoría necesaria para formar gobierno sin convocar a ningún partido opositor.

LHVnews, Opinión_El 7 de junio de 2015, el Partido "Justicia y Libertad” (AKP, por sus siglas en turco) del Sr. Erdogan realizó una elección decepcionante para lo que suelen ser sus históricos guarismos: obtuvo "apenas” el 41 % de los votos. Más preocupante resultó aún que el partido HDP, izquierdista y prokurdo, por primera vez en la historia lograra pasar el piso del 10 %, que permite acceder al parlamento (y con creces: sacó 13 puntos). Los republicanos y los nacionalistas (ambos laicos) obtuvieron segundo y tercer lugar, con 25 y 16 %. Respectivamente. Todas estas formaciones se negaron a formar gobierno con el AKP, por lo que una nueva votación debió ser convocada para el 1 de noviembre de 2015. En ella, el AKP obtuvo el 49,5 % de los votos. El HDP apenas rasgó el 10,5 %. La pregunta es evidente: ¿Qué hizo cambiar de opinión a tantos ciudadanos turcos en un lapso de cinco meses?

El día sábado 10 de octubre de 2015, en el marco de una manifestación por la paz convocada por militantes del HDP, un supuesto miembro del EIIL se inmoló matando a más de 90 personas (https://www.youtube.com/watch?v=ZttuywH3qWo). El gobierno del AKP utilizó esto como punta de lanza para aterrorizar psicológicamente a la población, alertando sobre el peligro que implicaba que los kurdos sirios controlen la franja territorial que separa al país árabe (Siria) de Turquía. Bombardeó el norte de Irak (algo que viene haciendo regularmente desde 2003, combinándolo con incursiones terrestres de sus soldados) y también atacó el norte de Siria. Afirmó que bombardeó objetivos del Estado "Islámico”, pero en realidad se centró en debilitar a las unidades de autodefensa kurdas (YPG) de siria.

Cero conflictos

La inconsistencias de Erdogan tienen origen en su falta de formación política. Ni él ni sus aliados la tienen, ya que provienen del ambiente religioso y son miembros de la organización "Hermanos Musulmanes”. Un claro ejemplo que da cuenta de esto son sus volantazos en política exterior. La doctrina "cero conflicto con los vecinos” (elaborada por el ex Canciller y actual Primer Ministro Ahmet Davoutoglu) pregonaba una revitalización de los vínculos con los vecinos árabes Siria e Irak, con los armenios, con los rusos, con los griegos y con los iraníes. La prioridad siempre fue mantener a raya a los kurdos fuera de Turquía, de allí el intento de apoyar las estructuras estatales siria, iraquí e iraní, previendo que el colapso de las mismas provocaría la fragmentación en pequeños estados, favoreciendo así la posibilidad de un crecimiento progresivo de un Kurdistán independiente (sueño largamente ansiado por los israelíes).

Resulta hoy inverosímil el repaso de las relaciones turco-sirias de 2002 a 2011. Durante ese período, el gobierno de Erdogan mantuvo excelentes relaciones a nivel político y comercial con quien hoy es su enemigo número uno: Bashar Al Assad, Presidente sirio. Pasó de visitar periódicamente siria a apoyar abiertamente a los terroristas de Al Qaeda y del Estado "Islámico”, quienes incluso se robaron fábricas enteras pieza por pieza de la ciudad industrial Aleppo y las trasladaron hasta territorio turco. Erdogan impulsó la política de infiltración de terroristas y armamento para el Estado "Islámico” y demás grupos extremistas religiosos, siendo tan visible ese comando sobre el nuevo grupo estrella del terror mundial, que en febrero de 2015 el Estado "Islámico” permitió que un convoy de soldados turcos ingresara a territorio sirio para trasladar los restos de Suleiman Shah (fundador del Imperio Otomano) a un pequeño pueblo en la frontera turco-siria. El cual fue anexado a Turquía.

A nivel interno, fracasó al intentar convertir al islam sunnita (rama mayoritaria del Islam) a los alevíes (una minoría religiosa islámica) y en turquizar a los kurdos. Para lograr esto último entabló conversaciones con el histórico dirigente independentista kurdo Abdullah Ocalán, encarcelado hace más de quince años en una isla en el mar, quien llegó a ordenar el cese de hostilidades de parte de los rebeldes kurdos. No así de parte de Turquía, que nunca dejó de criminalizar y atacar a los kurdos.

Mi amigo, mi enemigo

Luego de derrota en la primera guerra mundial, Turquía se convirtió en un Estado laico y sustentó la primacía de dicho sistema a través de las FF.AA., el poder judicial y las elites occidentalizadas de Estambul y Ankara. Erdogan jamás pudo islamizar a esa porción de la sociedad, por lo que debió someterla. Para ello se valió de una organización de indudable vinculación con la OTAN, el Hizmet ("servicio” en turco) de Fetullah Gullen. Gullen es un líder islámico turco con residencia en Filadelfia y comanda una organización de escala global focalizada en la formación de cuadros islámicos, muchos de los cuales se encuentran insertos en la estructura estatal turca (fundamentalmente en los servicios de seguridad interna, en la inteligencia y en el Poder Judicial). De ellos se valió para someter a los militares, quienes encabezaron numerosos intentos fallidos de derrocamiento. Esto también posibilitó que Turquía sea el país que tiene más periodistas detenidos. Hoy, sin ir más lejos, fue asesinado a balazos en plena calle un abogado opositor a Erdogan, mientras realizaban un acto a favor de la paz en siria.

La alianza con Gullen tenía fecha de vencimiento por la pertenencia de Erdogan a los Hermanos Musulmanes. Eventualmente ambos proyectos colisionarían, y así lo hicieron en 2013, cuando Erdogan decidió quitar el financiamiento a los institutos educativos del Hizmet. La respuesta no se hizo esperar: aparecieron escuchas que involucraban a su hijo Bilal en casos de millonaria corrupción. Hoy Bilal está cómodamente exiliado en Italia. También quedaron al descubierto los vínculos del aspirante a Sultán con el llamado "banquero de Al Qaeda” Yassin Al Qadi, un saudita que aterrizaba su jet privado en la parte militar del aeropuerto de Estambul y tenía audiencias periódicas con Erdogan.

En diciembre de 2014, Erdogan firmó un acuerdo millonario de gas con Rusia, permitiéndole a Putin un nuevo lugar de paso para los gaseoductos de Gazprom, ante el escenario bélico de Ucrania. Un año más tarde decidió derribar un avión ruso que estaba en territorio sirio atacando objetivos del Estado "Islámico”, su guerrilla predilecta. Públicamente dijo que no tenía nada de que disculparse y que procederían de igual forma ante nuevas "violaciones del espacio aéreo”, y por debajo de la mesa envío al cuerpo diplomático turco a ofrecer todas las disculpas posibles a Vladimir Putin.

Con un dirigente con este nivel de arrojo y cinismo, en un país de la relevancia histórica y geopolítica de Turquía, no resulta extraño asumir que los conflictos en medio oriente inexorablemente marchan hacia una profundización antes que hacia una solución.

Escrito por Facundo Salomón

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